¡Hola amigos! Ha sido una semana agitada, de esas que provocan salir corriendo a echarse unas "polarcitas" con los amigos a la orilla de la playa... -y me desperté. Recordé que desde así casi una década ya no estoy en Venezuela y menos en las orillas de Lechería, donde bailar y conversar se hacía de forma sana y segura junto al mar. ¡Tranquilos! no voy a hacer reflexión política, pero no puedo dejar de pensar en las tantas declaraciones de los últimos días y los recientes acontecimientos en mi amada Venezuela, repitiendo la vieja frase que "no hay que dure mil años ni cuerpo que lo resista", que cuando la gente se cansa, las cosas cambian.Ahora tenemos tantas distracciones en el día a día que nos alejan de nuestros sueños y somos entonces seducidos por el pensar y el decir... "esto no va a cambiar", "esto se lo llevó quien lo trajo" y casi un agasapado "sálvese quien pueda", y puede que sea esa última, la que más miedo puede causar. Se ha activado en nuestra gente un extraño sentido de supervivencia casi caníbal en el que el compartir y respetar al otro no existe... Decía Covey "el modo en que vemos el problema es el problema". ¡Ojo, capaz que soy yo! y puedo estar equivocada por la manera que veo las cosas.
Todavía tengo muchos amigos en el país, gente bella que está luchando intensamente todos los días por lo que yo en mis viejos y añorados programas de TV "Cita con la Cultura" definía como "hacer de este país, la Venezuela que todos queremos".
En fin. Lo que quiero invitarles a pensar es que "lo que importa más NUNCA debe estar a merced de lo que importa menos" (Goethe). ¡Se les quiere!
Karina: me encanta tu manera de exponer las ideas. Comulgo contigo eso de que no hay mal que dure cien años... ni cuerpo que lo resista: prueba de ello lo tenemos en la historia reciente: su cuerpo no lo resistió!
ResponderEliminarNosotros veremos la transformación mas antes que temprano. Un abrazo!